DONDE DA LA VUELTA EL AIRE

Es hora de ver la vida desde el último recodo del camino, donde da la vuelta el aire...

lunes, 23 de julio de 2007

PELANDO LA CEBOLLA


Pelando la cebolla
Günter Grass
Alfaguara

Cuando un gran narrador decide contar su propia vida el resultado suele ser muy bueno, sabes de que hablas y sabes como escribirlo. Es una receta fácil. Si además tu vida es apasionante no se puede pedir nada más.

Así ocurre siempre, o casi siempre. Parece imposible que la autobiografía de Gago, Vivir para contarla fuera tan aburrida y tan insufrible. Un genio también tiene malos días. Quien no.

Pero la de Günter Grass es buena, sin más. Interesante, bien escrita, a ratos prodigiosa, a ratos insulsa. Demasiado pretenciosa, demasiado auto complaciente, con partes de catarsis de auto incumpalción, que eso de haber sido nazi es difícil de hacerse perdonar. Demasiadas páginas pidiendo perdón, demasiadas explicaciones, demasiado farragoso ese intento de decir sin decir nada.

Se agradece que temporalmente esté bien estructurada. Sin saltos anacrónicos ni los dichosos volver atrás. Primero su niñez en Danzig, esa extraña ciudad que después de la Primera Guerra es un islote alemán en medio de Polonia, separada tan cruel como estúpidamente de la Prusia Oriental por ese disparate que fue la Paz de Versalles.


Después el periodo nazi, su paso por las unidades militares de las SS, las Waffen. Sucumbir a la locura como forma de sobrevivir, el no hacer preguntas ni siquiera a uno mismo como eterna deuda. Es la parte más interesante, la más trabajada. Quizás demasiado.


La siguiente capa de la cebolla es la posguerra, su trabajo como minero, la ruina, el fin del sueño, el entrar de bruces en la verdad, esa que se había negado. Quizás demasiado lirismo, demasiado bien escrita, no deja pasar la inmensa amargura que sin duda vivió. Pero es un placer y un gusto leerlo.

El exilio en París donde parió ese prodigio que es El tambor de hojalata. Adivinamos que tiene de autobiográfico ese terrible Oscar Matzerath, el protagonista y como encarna en él todo lo horrible que el hombre llega a ser motivado por las circunstancias y por la propia maldad que todos albergamos dentro. Es una serena y desgarradora confesión.


La vuelta a Berlín, y deja de pelar la cebolla. Ahí nos para su vida, pero promete seguir, pero para eso, confiesa, "faltan cebollas y ganas..."


Para más información podéis consultar la web de la editorial Alfaguara

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